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Inge Bruckmann: "He llegado a los 94 años gracias al arte"

Tras cuatro décadas dedicada a la danza volcó su parte artística a la pintura, de la cual hizo una reciente exposición

Iluminada por las luces del escenario ella arquea su espalda hacia atrás y estira sus brazos sin dejar de rozar el piso con la punta del pie. Aquella joven rubia y de grandes ojos celestes es Inge Bruckmann en una de las tantas fotografías que decoran una pared de su casa. Algunas fotos a color y otras en blanco y negro nos dejan ver lo que fue la amplia trayectoria en danza de esta artista.

Ahora tiene 94 años. Su voz es suave y mientas inicia la conversación con SEMANA, va desbordando su pasión por la vida, su familia y, sin duda, por el arte, que hoy mueve sus días.

 

Poniendo color en la pandemia

Nos ha citado un día antes de lo que será su gran exposición artística. Cuenta que tras 40 años de trayectoria como coreógrafa y profesora de ballet, decidió colgar sus zapatillas de punta, y de a poco fue volcando su creatividad hacia la pintura.

Un arte al que la adentró Thomas Hollihan, quien en vida fue su esposo. “Estábamos en Salinas celebrando mi cumpleaños, y él decidió regalarme una caja de pinturas. Entonces me puse a pintar. Al principio dañé muchos lienzos porque nunca tuve profesor. Pintaba lo que me inspiraba”, recuerda sobre su primer contacto con los pinceles.

Le agradó tanto que con el tiempo empezó a centrarse en temáticas llenas de color, con la naturaleza siempre como protagonista. Si se da un vistazo a su hogar, algunas de esas obras decoran los espacios.

Su nombre entonces empezó a sonar en exposiciones no solo en Guayaquil, sino también en ciudades como Cuenca y Riobamba. Y aunque hizo una pausa en el 2018, por circunstancias personales, este año ha vuelto a cautivar a los amantes del arte.

 

Sus destacadas coreografías en escena.CORTESÍA

Sentada frente a los ventanales de su casa y acompañada de música suave empezó a pintar sobre lienzo, vidrios y pañuelos de seda para llenar de color sus días de pandemia.

Las flores y paisajes fueron parte de su inspiración para dar forma a esas obras cuya realización le tomó un mes y medio. “Pinté todo el tiempo. Hay cuadros que hice en un día, otros que me tomaron una semana. Comenzaba temprano a la mañana, desde las 8, hasta que llegaba la hora del almuerzo. Y luego de la siesta empezaba nuevamente, pero desde otra habitación porque el resplandor me afecta la vista”, cuenta.

La exposición se desarrolló el pasado 18 de noviembre y terminó con notable éxito.

“Retomé las clases de piano en pandemia y ese fue mi pasatiempo junto con la pintura”.

“No todos sobrevivimos”

Entre anécdotas, Inge nos muestra su personalidad encantadora. Es buena conversadora, alegre y tiene la memoria intacta.

Cuenta que nació en Hamburgo (Alemania), pero al mes de nacida su familia se trasladó a Guayaquil, donde vivió su niñez.

Mis padres eran músicos, ellos tocaban el piano y mis cinco hermanos en cambio varios instrumentos, como el violonchelo o la flauta”, rememora con claridad.

Por el año 1936 llegó el bailarín francés Raymond Maugé y abrió la primera academia de danza en la ciudad. “Mi madre le dijo a mi padre que quería que yo bailara y eso fue una pelea entre ambos porque él se oponía a inscribirme, pero al final ella lo logró”.

Ahí Inge tuvo su primer acercamiento como bailarina, hasta que en 1938 viajó con su familia a Alemania sin saber que los tiempos que vendrían se pondrían difíciles.

“Allá tuvimos que olvidarnos de todo. Los días eran para refugiarse de los bombardeos y todo lo demás. Fue una etapa muy fuerte que no tiene comparación con nada”, dice en alusión a esos años liderados por Adolfo Hitler.

¿Quiere leer un libro?”, me dice. Y va en búsqueda de un ejemplar de su obra autobiográfica ‘No todos sobrevivimos’, en la cual relata sus vivencias durante la guerra.

Sobre el ballet, expresa que volvió a ser parte de sus días cuando la pesadilla acabó en ese país. “Después de la guerra me inscribí en el Lola Rogge en Hamburgo, ahí me gradué de profesora y retorné a Ecuador”. Era 1948. Comenzaba una nueva etapa de su vida en Guayaquil.

 

Para poder sobrellevar los días de encierro, durante la pandemia, empezó a pintar sobre lienzo, vidrios y pañuelos de seda.ALEX LIMA

Aunque nací en Hamburgo, lo guayaquileña nadie me lo quita

Forjadora de arte

Durante sus inicios, la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas fue uno de aquellos lugares donde dio clases de ballet.

Con el tiempo llegó el matrimonio y los hijos, a quienes les daba la misma dedicación que le ponía a su escuela, que llevaba su nombre. De aquella etapa de profesora y coreógrafa destaca los años en que impartió clases en el suburbio.

“Todos los viernes iba a la 40 y la B. Ahí empecé enseñando dentro de una parroquia. Al inicio eran unas veinte niñas y después necesité más espacio, así que me fui al Batallón del Suburbio, donde tuve más cantidad de estudiantes. Dimos funciones con ellas y a las mejores bailarinas las pasé a mi escuela para que tengan otro nivel”, recuerda.

De sus hijos, Karen y Heidi siguieron sus pasos, al punto de que compartieron escenario en obras de varios géneros como la danza clásica, moderna e incluso la folclórica.

Fue así como generó cambios. Entre sus logros más destacados por la ciudad resaltan el haber sido artífice de la fundación de la Sociedad Femenina de Cultura y la realización de su magno sueño: el Teatro Centro de Arte.

“Aunque nací en Hamburgo, lo guayaquileña nadie me lo quita”, confiesa.Tras ese camino recorrido, si hay que decir el nombre y apellido de la precursora de la danza y cultura en Guayaquil, es sin lugar a dudas Inge Bruckmann.