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Luisa Cuesta: "Soy dulce, helada y atemporal"

Tras una larga ausencia en las tablas, la actriz regresa y dramaturga regresa con Cocina Nostalgia, una obra que expone episodios de su pasado.

Si hablamos de artistas integrales en el país, esos de escuela, convicción y disciplina, Luisa Cuesta está en la lista. Actriz, fotógrafa, mimo, dibujante, maquilladora, maestra y dramaturga. Tras un tiempo alejada de los escenarios regresa con Cocina Nostalgia, la obra que se presenta este jueves, a las 20:00, en la Sala Multiartes del Teatro Centro de Arte. EXPRESIONES abordó a la también directora escénica sobre este y otros tópicos en los que los olores y sabores de su vida son los protagonistas.

¿Qué cocina en este momento de su vida?

Recién estoy comenzando a saborear Cocina Nostalgia, pienso que me tomará un tiempo descubrir una nueva receta. De lo que sí estoy segura es de que nunca dejaré de cocinar, sea a través de las artes plásticas o performáticas.

¿Y lo hace a fuego lento o alto?

Los procesos creativos y artísticos a fuego muy lento, los de producción con la olla en candela.

¿Luisa Cuesta sabe a sal o a dulce?

Agridulce

¿Cuáles son los ingredientes imprescindibles en su día a día?

Despertarme muy, pero muy temprano para tener tiempo para pensar antes que la ciudad se mueva.

¿Alguna vez se le ha quemado el pan en la puerta del horno?

Miles de proyectos fallidos, ideas frustradas no ejecutadas, cancelaciones a última hora, rechazo de patrocinadores... sin embargo cuando miro atrás siento que se hizo lo que se tenía que hacer y que así también estuvo bien.

¿Cuándo fue la última vez que se sintió como agua para chocolate?

El 27 de noviembre me sentí así en el estreno de Cocina Nostalgia en el MAAC. Después de tanto tiempo sin teatros, pisar el escenario y entregar todo mi ser, me hizo sentir ubicada, completa y entendí que el escenario realmente es un ‘hábitat natural’ para mí, no solo lo disfruto yo, sino también la audiencia.

 

¿Qué la enciende o la pone ‘on fire’?

La creatividad. En el momento que se enciende una chispa no hay quién me pare.

¿Si fuera una bebida cuál sería?

Una resbaladera. Dulce, helada, atemporal.

¿Siente nostalgia en este momento? ¿A qué o por quién?

Por mi familia que ya no está, por las reuniones familiares que ya no se dan o no son como antes porque la familia crece y se divide. El bavarois de naranjilla de mi abuela Meche, las antiguas casas de Urdesa demolidas por un presente extraño maquillado de progreso, ver la casa de mi bisabuela convertida en hotel. Hay una extraña fusión en mi personalidad, que a pesar de mirar siempre para adelante y reinventarme constantemente, hay cosas que preferiría que fueran como antes y daría mucho por estar ahí nuevamente.

 

¿Qué es lo más loco que ha hecho por amor?

Ser artista. Un acto de amor propio con demasiada valentía para este medio tan complejo. Respetarme haciendo lo que quiero hacer y no lo que esperan que haga. Comenzar a crear una obra y amarla sin conocerla aún. Subir a un escenario y entregar mi alma aun sabiendo que no voy a recibir ni un centavo a cambio, creer en mi arte tan ciegamente que me aíslo del mundo. Definitivamente lo más loco que hecho por amor ha sido ser fiel a mi arte sin importar las condiciones en las que me encuentre.

¿Qué ha aprendido de los hombres? ¿Qué concepto tiene de ellos?

A reconocer la diferencia entre hombre y ‘onvre’. Hay hombres que me han enseñado qué es una melodía y la ley de la relatividad, y ‘onvres’ que me han enseñado lo que es ser un narcisista manipulador y mentiroso, poder distinguirlos y saber por dónde no ir.

¿A qué famoso le agradaría embadurnar como costilla de cerdo?

Honestamente a ninguno. Ni sé quiénes son los ‘famosos del momento”. No podría fantasear con embadurnar a alguien que no conozco y no sé cómo piensa, siente o es. Recordemos que nosotros solo vemos un cascarón a través de los medios y redes y a mí me seducen otras cualidades. Asimismo, me cuesta ser fan de un desconocido. Por lo general soy fan, pero muy fan, de personas cercanas o que son parte de mi realidad, como mis amigas emprendedoras, madres y esposas a la vez, mis compañeras activistas, a ellas sí las embadurnaría y las masajearía porque se lo merecen.

 

¿Es de las que piensa en el ayer o pasado pisado y a seguir caminando?

En temas de la familia sí vivo mucho en el pasado. Extraño a familiares que no están o reuniones que ya no se dan, a veces quisiera tener 7 años de nuevo… pero en el resto de mi vida ‘danke schön’ y ‘bye bye’, retroceder nunca, rendirse jamás.

¿Qué sabores evocan su infancia?

El bavarois de naranjilla, la isla flotante y sobre todo la comida italiana. Viví desde los 3 hasta los 6 años en Italia y definitivamente hay impresiones que quedarán en mi memoria de por vida.

Y aquellos que acompañados de olores en este momento quisiera percibir para revivir sensaciones.

El cuarto de mi bisabuela Lola, el olor del borrador de carboncillo de la abuela Tita, los chocolates del abuelo Tavo, la colita Tropical en la cocina de mi bisabuela Kika. Y por supuesto mientras escribo esto se me salen las lágrimas porque sí, si se me cocina la nostalgia.

¿De dónde saca la inspiración?

De la vida misma y sus posibles escenarios, cómo evolucionan, se transforman, dan puntos de giro, te mueven, te desacomodan, te despiertan. La vida te da cosas maravillosas solo que a veces no prestamos atención porque la cotidianeidad se apodera tanto de una que se produce una especie de ceguera ante todo lo que la vida nos pone por delante.

 

SU OBRA MÁS INTIMISTA Y PERSONAL

Una presentadora de programa (Luisa Cuesta) y dos bailarines (Boris Posligua y Gerardo Vera) bailan al ritmo de Raffaella Carrá y muchas otras canciones divertidas, con coreografías espectaculares. Es lo que inicialmente el público verá en Cocina Nostalgia. Su protagonista habla de lo que hay detrás de esta puesta en escena.

“Nace de la necesidad de recordar y revivir momentos de mi vida que no son hechos aislados. Muchas personas pueden identificarse. A través de la fiesta, el baile, el color y la música seduzco al público para llegar a temas inquietantes como las injusticias que quedan en un pasado invisible. Cada receta se convierte en una metáfora de diferentes emociones o situaciones en la que los seres humanos nos encontramos y tratamos de ocultar o callar. Lo interesante es que la obra se convierte en una metáfora de la vida misma que nos hace olvidar de sucesos sumamente dolorosos e injustos”.