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Sobre la obra ‘Hollywood somos nosotras’: más acá del celuloide

"La obra se nos antoja como una sinfonía con calificada rúbrica dramatúrgica de Mariano Moro".

Por Hugo Avilés Espinoza

En el afán de recuperar la presencialidad del teatro aun durante la pandemia se estrenó Hollywood somos nosotras, una fabulosa oferta escénica que nos hizo el Estudio Paulsen y la Agrupación Cultural Sarao, y que ahora visita nuevas vecindades en la Sala Experimental del Teatro Centro de Arte, los días 3, 4 (20:00) y 5 (19:00) de septiembre, con todas las garantías que le brindarán un valioso entretenimiento.

La fábula escénica transcurre en la suite presidencial de un hotel donde se dará una velada de la que los espectadores quedaremos prendados no exclusivamente por la convivencia de cinco divas de la industria sino, además, por la exposición de sus personalidades y temperamentos provocándonos el gozo de fisgonear impúdicamente en sus vidas públicas y privadas.

La obra se nos antoja como una sinfonía con calificada rúbrica dramatúrgica de Mariano Moro, dirigida magistralmente por la experimentada batuta de Lucho Mueckay, e interpretada por cinco actrices que aportan melodía y ritmo a la composición valiéndose de una fusión persona-personaje que se atreve más allá de la construcción psicologista de sus roles y en las que cada una cobra la personalidad del instrumento que la identifica: Camila Moncada, como Audrey, es el piccolo grácil, bucólico, pastoril y aristocrático, elevando sus notas más allá de la demanda de la partitura. Monse Serra, como Bette, es la viola grave, insidiosa, agraviante, movilizando la ejecución al borde del melodrama. Alejandra Paredes, como Rita, es el clarinete fugaz, melancólico, versátil y contradictorio otorgando a la pieza el contrapunto desde la comedia sutil e inteligente. María José Avilés, como Katharine, es el piano firme, sorpresivo, imponente, capaz de trastocar la historia de proponérselo. Hanoi Mueckay, como Marilyn, es el violin pícaro, risueño, optimista, listo para transitar desde el staccato hasta el fortissimo, pasando inevitablemente por recurrentes allegros.