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El ballet masculino también es cosas de hombres

Vaya a cualquier gimnasio de Guayaquil y se topará con que en las clases de bailoterapia las mujeres son las que predominan en el salón. Los pocos hombres que asisten generalmente tienen sobrepeso y así ‘justifican’ ante los demás el porqué están ahí.

Vaya a cualquier gimnasio de Guayaquil y se topará con que en las clases de bailoterapia las mujeres son las que predominan en el salón. Los pocos hombres que asisten generalmente tienen sobrepeso y así ‘justifican’ ante los demás el porqué están ahí. La figura cambia en las academias de danza donde los ritmos del momento logran que la presencia masculina se masifique.

¿Pero qué pasa con el ballet clásico? La primera imagen que seguramente se le vino a la mente al leer esta interrogante fue la de una fémina con zapatillas, cabello recogido, mallas y tutú. Los hombres siguen sin ser mayoría en algún cuerpo de ballet. En el Teatro Centro de Arte apenas cuatro varones lo integran.

Para su director artístico, José Manners, la entidad ofrece la oportunidad de que aquellos que tengan vocación y ganas de aprender se integren a la escuela que este año está bajo la batuta del ucraniano Anatolii Ptushkin.

“Hace tres décadas era impensable ver a hombres practicando ballet, hoy la situación ha cambiado. Hay mayor apertura respecto al tema y recibimos a chicosque estudian, audicionan y terminan como profesionales. En otra época para grandes espectáculos se contrataban talentos extranjeros, hoy ya no hace falta porque contamos con los nuestros”.

Joshua Rengifo (25) es uno de ellos. Empezó a bailar a los 15 años al sentirse atraído por este tipo de arte. “Siempre veía bailarinas haciendo ballet y a hombres desempeñarse en otro tipo de géneros. Hasta cuando tuve 17 y vi por primera vez danzando a un hombre nada afeminado, y fue ahí que realmente cambió mi mentalidad”, afirma. Al darse cuenta de que ese baile no era exclusivo del sexo opuesto, modificó su chip y su vocación se volcó al ballet clásico.

“Lo logré luego de 12 meses de audiciones en la escuela del Teatro Centro de Arte en la que estudié 6 años que no fueron nada fáciles aunque mis padres me apoyaron siempre. Son cristianos y se enfocaron en que estudiar esta carrera me serviría para mejorar la técnica y usarla en las danzas de la iglesia que fue donde comencé”. En cuanto a la aceptación social indica que en su caso sus amigos acuden a sus presentaciones y le demuestran su apoyo.

“Sí hay uno que otro que piensa de manera retrógrada de que esto no es para hombres, pero me siento tan respaldado por mis demás seres queridos que uno de cien no me afecta en nada”. Joshua añade que para él lo más importante es estar sobre un escenario o tomar una clase por día ya que “me devuelve el aire que me falta”.

Para la bailarina y productora artística Yesenea Mendoza, por razones culturales y sociales, los varones se interesan más por cursos de baile, principalmente del género urbano. En sus academias hay niños de 4 años aprendiendo hip-hop, por ejemplo. “Lo urbano fluye más con el pensamiento y esos tabúes de que si eres hombre y estudias ballet serás amanerado. Los chicos que están en mi academia no son señalados que es lo que sucede con quienes se preparan en ballet clásico.

Es increíble cómo aún nuestra sociedad y la cultura latinoamericana no están preparadas para aceptarlos quizás por sus movimientos delicados y es algo que forma parte de esta filosofía machista”. Mendoza lamenta que la falta de conocimiento sea la razón principal de estos prejuicios porque si investigaran se darían cuenta que el perfil del bailarín clásico en las grandes compañías es del hombre varonil y guapo, cuyo papel protagónico es el del príncipe. “Es lo que siempre se esperará ver en un gran espectáculo de ballet”.

La historia de Pedro Cabrera

Tiene 13 años, es guayaquileño y forma parte de la escuela de danza clásica del Teatro Centro de Arte. Su padre, Tyronne, quien trabaja en una aseguradora, sostiene que ha habido una evolución en cuanto a la receptividad de varones en los institutos de ballet. “Esto indica que el arte se adentra en nuestra sociedad y en nuestros jóvenes. Reconozco que aún falta una mayor participación de hombres pero observo que cada vez hay más niños y jóvenes que se inclinan por este arte”.

Rompiendo esquemas, prejuicios y estereotipos apoyó a su hijo cuando se dio cuenta de que a sus seis años tenía habilidades para la danza. “Acudimos a todas sus presentaciones. Su mamá y yo lo respaldamos incondicionalmente. Siempre habrá comentarios de gente que me comenta que esto es para niñas. Es propio de la mentalidad de acá, que viene con tabúes y prejuicios del pasado. Me toca aclararles e invitarlos a que visiten escuelas y abran su mente respecto a este arte”.

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