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Andri Tomalá estudia ballet sueña con ser bailarín

Desde muy pequeñito quería bailar, pero no tenía las posibilidades, desde hace tres años estudia este arte, pese a los prejuicios de la gente

Desde muy pequeñito quería bailar, pero no tenía las posibilidades, desde hace tres años estudia este arte, pese a los prejuicios de la gente.

Tiene muchas ganas de ser un buen bailarín clásico, pero en los tres años que lleva practicando este arte ha llorado muchas veces al escuchar las burlas de otros niños porque baila, porque según ellos ha escogido un oficio de mujeres. Pese a todo está empeñado en seguir adelante con su objetivo y llenar de orgullo a sus padres y a su abuelita materna que lo apoya en este sueño.

Se llama Andri Tomalá Arzube, tiene 11 años y estudia ballet en el programa social Semilleros, del Teatro Centro de Arte, en el kilómetro 4,5 de la vía a la costa, donde no paga nada por las clases que recibe y espera continuar.

Estudia en la escuela Jorge Villacrés Moscoso que está cerca de su casa en el suburbio oeste. Proviene de una familia humilde, su padre se dedica a la venta de colchones y su madre estudia Enfermería.

Ingresó a Semilleros por iniciativa de su abuelita materna, Mireya Tierra, quien cuenta que Andri siempre le decía que le gustaba la danza y que quería ser bailarín. Ella quería ayudarlo a cumplir su sueño, pero no lo veía tan fácil hacerlo porque no tenían el dinero para pagarle las clases en una academia.

Pero cuando se enteró de que podía matricularlo sin costo en el Teatro Centro de Arte acudió de inmediato a inscribirlo.

Andri ya tiene tres años en el teatro y recibe clases tres veces a la semana. Es uno de los tres varones que estudian ballet, porque el resto son niñas. Pese a tratarse de un arte con mucho reconocimiento y nivel, son muy pocos los niños que lo aprenden, señala Rosario Delgado, directora de las escuelas del Teatro Centro de Arte, que pertenece a la Sociedad Femenina de Cultura.

Para Andri ha sido un gran reto inclinarse por el ballet. Dice que muy a menudo le han dicho otros niños que es un ‘mariquita’, una niña, pero cuenta con mucha seriedad que al principio sentía vergüenza y respondía con llanto, pero que ahora ya no le importa e ignora todos los comentarios.

Su abuelita ha sido su gran apoyo, ella le ha enseñado que lo único que importa es que logre su sueño y que algún día las críticas se volverán admiración.

“Yo le dije, hijito, no les hagas caso, sigue adelante”, cuenta la abuelita, quien se siente muy orgullosa porque él ha realizado varias presentaciones en el teatro.

Ella lo acompaña a las clases y dice que a veces no hay ni para el pasaje, pero que ella siempre se las arregla para que él no falte, porque no quiere que se desanime.

Andri dice que sería bueno que otros niños que desean ser bailarines también les pidan a sus padres que los dejen realizar su sueño y que luchen por lograrlo. Que no se rindan ante las críticas y las burlas de otras personas, porque lo que van a hacer es por ellos, por su desarrollo personal. (I)

Los niños deben seguir sus sueños, no dejar que las burlas de otros se los impidan. El ballet es muy bueno para el cuerpo y la mente y a mí me gusta mucho practicarlo”.
Andri Tomalá Arzube,
Estudiante de ballet de Semilleros, del TCA

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