Guayaquil, un puerto musical

La noche en que trece músicos tocaron Danzas y arias antiguas, del compositor italiano Ottorino Respighi, los sentimientos de orgullo, emoción y satisfacción invadieron al violinista Iván Fabre, de 40 años. Uno de sus sueños se había cumplido ese miércoles 6 de julio: dirigir una orquesta de cámara, que lleva el nombre del Teatro Centro de Arte.

“Con este concierto tuve un sentimiento muy particular, en el sentido de que tendríamos un público fijo, y es una oportunidad para presentarnos periódicamente”, señala Fabre, violinista dedicado 27 años a la música y miembro de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil (OSG).

La Orquesta de Cámara del Teatro Centro de Arte es la de más reciente creación en Guayaquil. Se suma a las diez orquestas que, de forma periódica, ofrecen conciertos en diferentes espacios de esta urbe, y que se han ido formando desde hace unos quince años.

Hasta ese entonces destacaban las orquestas Sinfónica de Guayaquil y la de Cámara Antonio Vivaldi, cuyas sedes son el Teatro Centro Cívico Eloy Alfaro y el auditorio del Museo Municipal, respectivamente.

Pero luego fueron surgiendo otras, como las orquestas sinfónicas Infantil y Juvenil de Guayaquil, la Sinfónica del Guasmo, la Sinfónica del Colegio República de Francia, la Filarmónica Juvenil y la de Cámara del Instituto Experimental de Música de la Universidad de Guayaquil (Iemug).

Muchos de sus directores son integrantes de la OSG, encabezada por el maestro armenio Davit Harutyunyan.

Para citar ejemplos, Patricio Jaramillo (director de las orquestas del Conservatorio Niccolo Paganini y la Filarmónica Juvenil de Guayaquil), Ecuador Pillajo (maestro de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Ecuador y Camerata Claudio Aizaga), Jorge Layana (de la Sinfónica del Guasmo) y Luiggy Castillo (Sinfónica del Colegio República de Francia) se desempeñan como violista, concertino, oboísta y primer violinista de la OSG, en su orden.

Layana considera que el aumento de orquestas en los últimos años responde a una necesidad cultural. “En nuestra época, nosotros no teníamos las oportunidades que sí hay ahora, de formarse y de crecer artísticamente en orquestas”, apunta el oboísta.

De su parte, Pillajo sostiene que el momento en que comenzó a apostarse por la música fue en 1995. “Hubo movimiento musical cuando se creó la Fosje (Fundación Orquesta Sinfónica Juvenil del Ecuador), aunque años atrás, en el 85, lo que hubo fueron intentos, porque se hacían prácticas esporádicas, nacían orquestas y desaparecían”, indica el concertino de la Sinfónica de Guayaquil.

Actualmente, con la creación de escuelas y conservatorios se piensa en un semillero, para formar a jóvenes músicos que, en un futuro, podrán integrar una orquesta grande como la Sinfónica de Guayaquil, explica Jaramillo, quien fundó en el 2009 el Conservatorio Niccolo Paganini, y al año siguiente la orquesta del mismo nombre.

“Es importante aportar con el acercamiento de la música al público, con conciertos didácticos en los que además de música clásica haya contemporánea, con temas de películas, operetas, zarzuelas...”, explica Jaramillo.

Otra idea es cómo atraer la atención de las nuevas generaciones a la música. En el 2003, el colegio particular República de Francia abrió un club de música para sus estudiantes, que poco después se convirtió en una orquesta de cámara. “En un momento dado nos dimos cuenta de que había demasiados alumnos inmersos en este trabajo y de ser cámara pasamos a sinfónica”, apunta Castillo, quien estuvo desde sus inicios con esta orquesta estudiantil, que ofrece actualmente conciertos en varios espacios culturales de la ciudad, como la Alianza Francesa.

Señala que el trabajo ha dado tan buenos resultados, que en julio pasado se creó la Escuela de Arte y Cultura, que funciona por las tardes en las instalaciones del colegio (cdla. Naval Norte) y que por ahora hay cuatro profesores de música, pero podrá variar según la demanda.

Similar propósito tiene el Instituto Experimental de Música de la Universidad de Guayaquil (Iemug), creado hace 15 años y que funciona en la Casona Universitaria (Chile y Chiriboga).

Uno de los productos que ha dado el Iemug es su Orquesta de Cámara, que nació 10 años atrás y que después de varios directores, la batuta la tiene desde el 2005 el maestro Fernando Gil. “Necesitamos, como guayaquileños, hacer música, para rescatar a nuestros compositores, nuestra tradición”, apunta Gil.

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